Takeshi's Challenge, el videojuego «imposible»
Esta es la historia de cómo una celebridad japonesa aprovechó una oferta de la compañía Taito para mofarse de los gamers y castigarlos por su afición. El resultado de la broma se anticipó más de diez años al primer Grand Theft Auto y casi dos décadas a Yakuza (2005).
RETRO GAMING


¿Existirá un videojuego más extraño, difícil, subversivo y visionario que Takeshi's Challenge —El desafío de Takeshi—? Difícil pregunta.
Empecemos por la introducción en la que el jugador lee: “Este videojuego fue creado por un hombre que odia los videojuegos”.
Quien se atreva a ignorar la advertencia del principio, deberá meterse en la piel de un «salaryman», como llaman en Japón a los oficinistas o trabajadores de cuello blanco, que se embarca en una búsqueda imposible después de robarle a un anciano el mapa de un tesoro.
En su camino hacia la isla donde yace la fortuna, el protagonista se enfrentará no solo a la yakuza, o mafia japonesa, sino a todo sentido del orden y la moral.
Por ejemplo, para obtener el mapa el jugador se verá obligado a darle una paliza al anciano. No solo eso: si quiere llegar al tesoro, tendrá que beber tequila frecuentemente para restaurar su energía, divorciarse, renunciar a su trabajo, vaciar su cuenta de ahorros, atracar a gente en las calles, volar en ala delta y sobrevivir a un ataque extraterrestres.
Otro momento célebre de Takeshi's Challenge es el concurso de karaoke en el que el jugador participa utilizando el micrófono incorporado al control del Famicon, consola para la cual se lanzó el videojuego el 10 de diciembre de 1986. Ganarlo significa avanzar en la historia, pero también luchar contra los otros concursantes enfurecidos por la derrota.
Múltiples personalidades
Alcoholismo, agresión contra los adultos mayores, divorcio, bancarrota, crimen, deportes extremos, ovnis… Solo a Takeshi Kitano, uno de los grandes transgresores del cine, se le podía ocurrir semejante videojuego cuando la industria se hallaba en sus cándidos albores.
Nacido en un barrio de calles duras y futuros inciertos, Kitano creció fascinado por el arquetipo del yakuza cubierto de tatuajes, a menudo sin meñiques, presto a exigir respeto o ganar discusiones con puños, patadas, sablazos y disparos.
También desarrolló el talento de la comedia física y un humor pétreo que lo elevó a las cumbres de la televisión, primero en Japón y luego en el mundo. En su programa El Castillo de Takeshi escribió e interpretó viñetas que desternillaron de la risa a millones de sus compatriotas. Era una comedia tan original e ingeniosa que los doblajes le ayudaron a superar la barrera idiomática, por lo que el fenómeno Takeshi se propagó en Europa.
Sin embargo, dentro del comediante dormía un maestro de la cinematografía. Esta dimensión de su personalidad despertó en 1989 cuando dirigió Violent Cop, filme en el que la violencia se relataba con un estilo brutalmente pausado y simultáneamente poético.
Takeshi perfeccionó esa fórmula en obras posteriores como Sonatina (1993), una de las mejores películas asiáticas de los últimos cincuenta años. Nadie más le pondría un título tan dulce a un largometraje sobre matones fugitivos durante una vendetta de la yakuza, porque nadie más es capaz de retratarlos mientras esperan la muerte jugando como niños, rodeados por la belleza inverosímil de aquella isla.
Sin duda alguna la joya más grande y rutilante en la cinematografía de Kitano es Hana-Bi o Flores de Fuego (1997), premiada el año de su lanzamiento con el León de Oro, máximo galardón del Festival de Venecia.
Como en Sonatina y la mayoría de sus películas, Kitano no solo fue director y protagonista en Flores de Fuego, sino guionista y editor. Así mismo, pintó los cuadros que aparecen en los créditos iniciales y a lo largo de la película.
Kitano, que siempre actúa bajo el seudónimo «Beat Takeshi», interpreta en Hana-Bi a Nishi, un policía retirado de la fuerza luego de un operativo tras el cual uno de sus amigos murió baleado y otro quedó en sillas de ruedas.
Nishi cuida a su esposa enferma de leucemia. La hija de ambos falleció aún niña, no mucho antes de aquel retiro forzoso. Para cubrir los gastos médicos del hogar y apoyar al amigo paralizado de por vida, el protagonista pide dinero prestado a la Yakuza. Decide robar un banco para pagar sus deudas.
Flores de fuego es una reflexión sobre el amor, la amistad y el arte en un mundo indiferente con el que sufre y sádico ante el indefenso. No menos sublime que la fotografía, las actuaciones y la edición pletórica de silencios es la banda sonora de Joe Hisashi, con el que Kitano formó una dupla equiparable a la de Sergio Leone y Ennio Morricone.
Los dos japoneses se asociaron con gran éxito hasta su abrupta separación en 2002, después de colaborar ese año en Dolls, Muñecas, otro poema visual de Takeshi.
Mito urbano
En 1986 Kitano era una de las personalidades más famosas de su país. Con Takeshi's Challenge la industria nipona logró por primera vez involucrar a una celebridad de su talla en la creación de un videojuego. Al mismo tiempo, el entonces comediante y luego director de cine aprovechó la oportunidad para jugarle la más pesada de las bromas a los gamers.
Se dice que Takeshi recibió a los desarrolladores del juego borracho de sake en un bar de Tokio y que la historia del oficinista y del tesoro se definió en apenas una hora de charla entre copa y copa.
Resultado de la borrachera o fruto de una imaginación desinhibida, las violentas y caóticas aventuras del oficinista se anticiparon más de diez años al primer Gran Theft Auto (1997).
Tres décadas más tarde, Takeshi's Challenge fue relanzado a plataformas móviles (iOS, Android). Perduró en la memoria de quienes lo jugaron por su abusivo nivel de dificultad. Los más jóvenes se enteraron de su existencia gracias a los que aparecían en Youtube y otras redes sociales de video cantándole al viejo control del Famicon durante el episodio del Karaoke,
Kitano haría una aparición más digna de sus laureles de actor y director cinematográfico en Yakuza 6: The Song of Life (2016) como el patriarca de la familia Hirose, aunque muy seguramente siga odiando los videojuegos.



