«Superman», el personaje (casi) invulnerable cuya máxima debilidad son los videojuegos.
El hombre de acero cumplirá veinte años sin protagonizar una sola aventura en el mundo gamer. Varios fracasos de la industria lo han condenado a ser un peleador opcional en juegos como los de la saga «Injustice», o a roles secundarios en otros títulos menos exitosos del universo DC.
RESEÑAS


Mientras que Spiderman y Batman han sobrevivido a videojuegos entre pésimos y mediocres, para luego inspirar otros alabados o antológicos, El hombre de acero cumplirá veinte años sepultado como protagonista en el universo gamer.
Superman Returns, desarrollado por EA Tiburon —actualmente EA Orlando— y lanzado en 2006 para PS2, Nintendo DS y Xbox, es el último título al cual el hijo de Krypton prestó su nombre. Las reseñas generalmente adversas y las ventas tibias de ese juego —750.000 copias en dos años—, frustraron lo que puedo haber sido una resurrección después del fracaso espectacular de Superman 64.
Hacia 1999 se temía que el 1 de enero del año 2000 un error de programación en los calendarios de las computadoras paralizara el mundo o, más precisamente, lo devolviera a un estado preindustrial. «Y2K» se le llamó a esa profecía del neoapocalipsis, temible en aquel entonces y ahora olvidada. Lo que sí ocurrió antes del nuevo milenio fue una catástrofe para el alter ego de Clark Kent: la aparición de Superman: The New Superman Adventures, más conocido como Superman 64, en las vitrinas y góndolas de los almacenes.
El sobrenombre de ese desastre se debe a que fue diseñado para Nintendo 64. El superhéroe por antonomasia se desintegró ante los ojos de los gamers entre graficas vaporosas, un diluvio de glitches, movimientos discontinuos, controles truncados, misiones sin explicación y monótonas. Superman 64 cayó de cabeza en la antología a la que ningún equipo de producción aspira: se le considera uno de los peores videojuegos de la historia.
Entre Superman 64 y Superman Returns existieron otros títulos protagonizados por El hombre acero, pero el de 2006 representaba la más clara oportunidad de su renacimiento tras el fiasco de 1999. Varias estrellas de la película homónima, estrenada cinco meses antes del lanzamiento del juego, también interpretaron a los personajes de este último.
El videojuego, al igual que el largometraje en el cual se inspiró, no conoció ni el aplauso ni el elogio. Por ejemplo, Eurogamer le asestó una calificación de 3 puntos sobre 10. He aquí una frase de la reseña escrita por Kristan Reed para esa publicación: «Superman Returns lo decepciona a uno inmediata y constantemente porque todo el proceso de perseguir a los enemigos es un asunto desordenado y confuso que genera desorientación […] El combate aéreo se vuelve el recurso más frecuente, pues uno concluye que volar por los cielos es la única forma de lidiar con gráficas epilépticas y controles inestables».
Condenado a papeles de reparto
Superman cumple su sentencia como personaje opcional o secundario en juegos exitosos, como los de la saga Injustice, y en otros cercanos al desastre, como Suicide Squad: Kill the Justice League (2024).
¿A qué se debe que el superhéroe más célebre siga enterrado bajo su capa en la industria gamer? Batman se repuso a esperpentos y cataclismos, entre los que se pueden citar Batman Forever (1995), un «beat 'em up» para SNES con una captura de movimiento sospechosamente parecida a la de Mortal Kombat, controles atroces, mecánicas lentas, interacciones ridículas, diseño de arte sin imaginación y tiempos de carga lentísimos. Otro caso peor se llamó Batman: Dark Tomorrow (2003), tan mal recibido que su desarrollador y productor, Kemco, descartó la versión para PS2 luego de que el original en GameCube y Xbox mereciera puntuaciones por debajo de cinco e incluso cercanas a cero sobre diez.
Al cabo de seis años El caballero de la noche resurgía con Arkham Asylum, considerado el videojuego de superhéroes más revolucionario de la historia, además de convertirse en el punto de partida de la monumental trilogía Batman: Arkham —aunque no sea una entrada oficinal, Origins también es una obra maestra.
¿Qué pasa, entonces, con Superman? Se argumenta que su invulnerabilidad dificulta, cuando no imposibilita, el dramatismo. ¿Cómo escribir y diseñar un juego sobre una entidad capaz de volar de una ciudad a la otra en un parpadeo y de levantar edificios, helicópteros y tanques de guerra sin despeinarse? ¿Acaso no podría recorrer el más vasto de los mundos abiertos en menos de un segundo? ¿A qué maleante se le ocurriría exponerse a los rayos pulverizadores de sus ojos y a su aliento congelador?
Las fragilidades y limitaciones de Spiderman, y más aún las de Batman, se prestan para el suspenso y las reflexiones filosóficas. En cambio, a Superman se le considera un dechado de virtudes, una especie de vaso de leche en el que jamás flotará la mosca de la duda.
Desconcierta que un personaje, cuya transformación de joven inocente a protector de la humanidad ha sido tantas veces contada en el cine, sea tan resistido y evitado por una industria en la que no deberían faltar la creatividad ni los recursos.
Superman es un dios más propio del Olimpo que de la teología. No es totalmente, sino casi invulnerable. Dentro de ese «casi» se hallan innumerables maneras de complicarle la vida. Recuérdese la kriptonita y, además, los cómics, series de TV y películas en las que ha padecido muertes ajenas y propias, vejámenes y derrotas desde su creación en 1939.
No son los gamers quienes has condenado a Superman a los roles secundarios, sino los escritores y productores de la industria. El mercado solo ha respondido a la falta de creatividad de Superman 64, Superman Returns y otros juegos protagonizados por El Hombre de Acero, en los que el único desafío a sus superpoderes son pruebas de habilidad y misiones a contrarreloj.
Les ha faltado a los desarrolladores una cabeza como la de Lex Luthor para mostrarles a los gamers el lado vulnerable y las acciones menos virtuosas de Superman, un dios que se enamora, llora la desaparición de los suyos, sufre la pérdida de sus facultades por la radiación de un material extraterrestre, trabajó para el presidente de los Estados Unidos en una historia, en otra fue el soldado número uno de la Unión Soviética y algunas veces se ha enemistado con miembros de La Liga de la Justicia.
Rescatar a Superman en los videojuegos no sería reinventar la rueda. Solo falta explorar los ochenta y siete años de historietas, novelas gráficas, episodios televisivos y franquicias cinematográficas para salvar al personaje de las misiones aburridas, los diseños de arte insípidos y los controles frustrantes.




